
Los primeros péndulos
consistían de una simple llave suspendida de un hilo a la cual, a medida
que se movía circularmente, se le hacia diferentes preguntas cuyas
respuestas podían ser positivas o negativas. Luego con el tiempo, en
lugar de una llave se colocó una sortija o una pequeña bola de plomo.
Posteriormente, el péndulo
adquirió formas más refinadas, tales como una pequeña esfera de cristal
suspendida de una cadena de oro o un péndulo de forma de pera hecho de ébano
o marfil.
En la actualidad, se emplea
péndulos de material plástico los cuales están huecos, de modo que pueden
llenarse con algún material selecto como oro en polvo o plata. Sin embargo,
muchos adivinadores prefieren el uso de un péndulo sólido de cuarzo aunque
requieren de constante limpieza energética, ya que puede cargarse con
facilidad de toda clase de energías que pueden interferir con su trabajo.
Para una mejor precisión, el
péndulo redondo y algo puntiagudo es el ideal, además, es preciso hacer un
nudo en cada extremo del cual pende para evitar que se deslice entre los
dedos.
En
conjunto con el péndulo, en los casos de búsqueda de objetos o personas, se
puede emplear un “testigo” el cual es un elemento que se relaciona
directamente con lo buscado. En este sentido, existen dos tipos: el
biológico considerado el más efectivo, pues contiene partículas de lo
buscado, por ejemplo, cabello, sangre, uñas o saliva y el artificial el cual
es un objeto que evoca y representa una extensión, el cual está impregnado
de la persona o cosa buscada. Por citar un ejemplo: ropa, fotografías,
mapas, dibujos, palabras, descripciones, etc
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