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De este establecimiento, que se convirtió en la cuna de la Orden
Franciscana (Caput et Mater Ordinis) y el punto central de la
vida de San Francisco, los frailes menores salían de dos en dos,
exhortando a la gente de los alrededores a la penitencia y amor de Dios. En poco tiempo Francisco y sus compañeros
llegaron a tener una influencia enorme, de modo que varones de toda
clase social y forma de pensar pedían ser admitidos a la orden. En la
cuaresma de 1212 una joven rica de Asís, movida por la predicación del
santo en la iglesia de San Jorge, lo buscó y le solicitó que le
permitiera abrazar la nueva forma de vida que él había fundado.
Por consejo suyo, Clara, que a la sazón tenía apenas dieciocho años,
dejó en secreto la casa de su padre la noche siguiente al Domingo de
Ramos, y acompañada de dos amigas se dirigió a la Porciúncula, donde los
frailes le salieron al encuentro en procesión, con antorchas.
Enseguida, habiéndole cortado el cabello, Francisco le puso el hábito de
los menores y de ese modo la recibió en la vida de pobreza, penitencia y
retiro. Clara permaneció provisionalmente con unas monjas benedictinas
cerca de Asís hasta que Francisco logró encontrar un lugar adecuado para
ella y para Santa Inés, su hermana, y las demás vírgenes piadosas que se
habían unido a ella.
Finalmente las estableció en San Damián, en una habitación adjunta a la
capilla que él había reconstruido con sus propias manos,
y que había sido donada al santo por los Benedictinos como morada para
sus hijas espirituales. Esa casa se convirtió
así en el primer monasterio de la Segunda Orden Franciscana de las
Damas Pobres, conocidas hoy día como
Clarisas Pobres.
En 1214 Francisco se dirigió a Marruecos, en otro intento más de llegar
a los infieles y de, si fuera necesario, derramar su sangre por el
Evangelio, pero estando en España fue atacado por una enfermedad tan
severa que se vio obligado a tornar de nuevo a Italia. Estuvo presente
a la muerte del Papa
Inocencio II, en julio de 1216.
Poco después, en los inicios del pontificado de Honorio III,
se concedió la famosa indulgencia de la Porciúncula. Se cuenta que
cierto día, mientras Francisco oraba en la Porciúncula, Cristo se le
apareció y le ofreció concederle cualquier favor que le pidiera.
La salvación de las almas era la preocupación constante de
Francisco y así solicitó una indulgencia plenaria para aquéllos
que, habiendo confesado sus pecados, visitaran la pequeña capilla de la
Porciúncula. Nuestro Señor concedió su deseo con la condición que el
Papa ratificara la indulgencia.
Francisco fué a entrevistarse con Honorio III. Este último, a pesar de
cierta oposición de la Curia ante favor tan poco común, concedió la
indulgencia, un día al año: el 2 de
agosto, día en que debía ganarse la indulgencia,
conocida en Italia como
il perdono d’Assisi.
En mayo de 1217 se llevó a cabo
el primer capítulo general de los Frailes Menores, en la Porciúncula,
teniendo la orden dividida en provincias y el mundo cristiano en igual
número de misiones franciscanas.
Aunque Francisco y sus frailes tuvieron gran éxito, con él
también llegó la oposición. Para tratar de corregir cualquier prejuicio
que la Curia pudiera haber albergado sobre sus métodos, Francisco, por
insistencia del Cardenal Ugolino, fué a Roma y
predicó ante el Papa y los cardenales en Letrán.
La visita, que tuvo lugar entre 1217 y 1218, fué
al parecer la ocasión del memorable encuentro entre Francisco y Santo
Domingo. Francisco se convirtió en un verdadero conquistador de almas.
Atraídos por la magia de su presencia, las multitudes, admiradas por lo
desacostumbrado de una predicación popular en el idioma del pueblo,
seguían a Francisco de lugar en lugar.
Una vez aconteció que, mientras el santo estaba predicando en Camara, un
pueblecillo cerca de Asís, la multitud fue motivada de tal modo por sus
"palabras de espíritu y vida"
que se presentaron a él como una sola persona y le rogaron que los
admitiera en su orden.
Para responder a tales solicitudes Francisco creó en 1221 la
Tercera Orden
de los Hermanos y Hermanas de la Penitencia. El lo veía
como una especie de camino intermedio entre el claustro y el mundo, para
quienes no podían dejar su hogar o traicionar sus vocaciones para entrar
en la Primera
Orden de Frailes Menores, o la
Segunda Orden
de las Damas Pobres.
Durante el segundo capítulo general
(Mayo, 1219), decidido llevar adelante su proyecto de evangelizar a los
infieles. Francisco encargó una misión distinta a cada uno de sus
discípulos más aventajados, y se reservó para sí mismo el sitio de la
guerra entre los cruzados y los sarracenos.
Con once compañeros, que incluían al Hermano Iluminado y a Pedro de
Cataneo, Francisco se embarcó en Ancona el 21 de junio, rumbo a San Juan
de Acre, y estuvo presente durante el sitio y la toma de Damietta. Luego
de predicar ahí ante las fuerzas cristianas, Francisco se pasó sin temor
al campo de los infieles, donde fue tomado prisionero y llevado ante el
sultán.
Según el testimonio de Jacques de Vitry, quien estaba entre los cruzados
en Damietta, el sultán recibió a Francisco cortésmente, pero fuera de
haber obtenido del gobernante un trato más indulgente que a los
prisioneros cristianos, la predicación del santo no tuvo mayor efecto.
Se cree que el santo, antes de retornar a Europa, visitó Palestina y
obtuvo para los frailes el derecho, que aún conservan, de ser los
guardianes de los santos lugares. Lo que sí consta es que Francisco fue
obligado a regresar de prisa a Italia a causa de varios problemas que se
habían suscitado en su ausencia.
La pobreza heroica que practicaban Francisco y sus compañeros al
principio se volvía cada vez más difícil en la medida en que aumentaba
el número de frailes. Al regresar a Italia, Francisco no pudo evita
darse cuenta de todo eso.
La caridad de los poblados vecinos les abasteció de alimento, al tiempo
que caballeros y nobles les servían con gusto. Fue en esa ocasión que
Francisco, indudablemente molesto y desanimado por la tendencia mostrada
por un gran número de frailes a relajar los rigores de la regla, según
los dictados de la prudencia humana, y sintiéndose quizás fuera de lugar
en una posición que demandaba cada vez más habilidades de organización,
cedió su lugar como general de la orden a
Pedro de Cataneo.
Mas este último falleció en menos de un año, siendo sucedido como
vicario general por el Hermano Elías, quien
continuó en ese puesto hasta la muerte de Francisco. Pasando por
Bolonia a su regreso de Oriente, Francisco había rehusado a entrar en un
convento porque oyó que lo llamaban "la casa de los frailes", y
porque se había instituido en él un institutum.
Ordenó a todos los frailes que ahí vivían, incluso a los que estaban
enfermos, que lo abandonaran inmediatamente.
Francisco nunca se convirtió en esclavo de alguna teoría en lo
concerniente a la observancia de la pobreza o de cualquier otra cosa. No
había nada en él de estrechez de miras o de fanatismo. En lo tocante al
estudio, Francisco sólo deseaba para sus frailes tanto conocimiento
teológico como fuera necesario para la misión de la orden, que era ante
todo una misión de ejemplo.
La acumulación de muchos libros lo veía como un distanciamiento de la
pobreza que los frailes profesaban, y resistió el deseo de simple
erudición, tan popular en su tiempo. En 1221 redactó una nueva regla
para los Frailes Menores.
Otros ven esta regla de 1221 no como una nueva regla sino como la
primera que fue aprobada oralmente por Inocencio. La así llamada Regla
de 1221 es totalmente distinta de cualquier otra regla que se haya
elaborado.
Era demasiado larga y vaga para ser una regla formal. Dos años después,
Francisco se retiró a Fonte Colombo, un eremitorio cerca de Rieti, y
reescribió la regla en una forma más compendiada. Confió el borrador de
la regla revisada al Hermano Elías, quien poco después confesó que lo
había perdido.
Francisco regresó a la soledad de Fonte Colombo y volvió a escribir la
regla, pero reduciendo sus 23 capítulos a 12, y modificando ciertos
detalles de algunos de sus preceptos a instancias del Cardenal Ugolino.
Regla aprobada por Honorio III, el 29 noviembre 1223 (Litt. "Solet
annuere"). Esta Segunda Regla, o
"Regula Bullata"
de los Frailes Menores, es la que desde entonces se ha
profesado en la Primera Orden de San Francisco.
Está basada en los tres votos de
obediencia, pobreza
y castidad, con un énfasis
especial en la pobreza, la que Francisco quiso que fuera la
característica de su orden, y que se convirtió en el signo de
contradicción.
Este voto de pobreza absoluta en la primera y segunda órdenes, y la
reconciliación de lo religioso con el estado secular en la Tercera Orden
de Penitencia, son las principales novedades introducidas por Francisco
en la regulación monástica.
Francisco fué el primero en celebrar la Navidad con el
pesebre.
La Navidad parece haber sido su fiesta favorita, y quiso persuadir al
emperador de que hiciera una ley para obligar a los ciudadanos a cuidar
bien de las aves y de las bestias, igual que de los pobres, de modo que
todos tuvieran ocasión de regocijarse en el Señor.
–
El día de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz,
14 de septiembre, mientras oraba en la ladera de la montaña, tuvo
la visión del serafín, cuya secuela fue la aparición en su cuerpo de las
señales visibles de las cinco heridas del Crucificado.
– San Francisco fué
el primer santo estigmatizado conocido.
El Hermano León, quien estaba con Francisco cuando éste
recibió los estigmas, nos ha dejado en su nota a la bendición autógrafa
del santo que se conserva en Asís una narración simple y clara del
milagro que, por otro lado, fue mejor atestiguado que muchos otros
acontecimientos históricos.
Después de recibir los estigmas Francisco sufrió dolores cada vez
mayores, en todo su cuerpo, ya de por sí
debilitado por la continua mortificación. Siendo
Francisco muy condescendiente con las flaquezas de los demás, se
trataba tan duramente a sí mismo que al final se
vio obligado a pedir perdón al "Hermano
Asno", como él llamaba a su cuerpo, por
haberlo tratado tan malamente.
Desgastado como estaba Francisco entonces por dieciocho años de trabajos
incansables, su fuerza dio de si completamente, y a veces su vista
fallaba de tal modo que se quedaba casi ciego. Durante un acceso de
angustia, Francisco visitó a Santa Clara en San Damián y fue en esa
pequeña choza de varas, construida para él en el jardín, que el santo
compuso en en Septiembre de1225 el "Cántico
del Sol".
En julio de 1226, muy enfermo, Francisco llegó a salvo al palacio
arzobispal de su ciudad natal, entre el entusiasmo de todo el populacho.
A principios del otoño, como Francisco sentía sobre si la mano de la
muerte, fue llevado a su amada Porciúncula, para que
pudiera exhalar su último aliento en el sitio en el que se le había
revelado su vocación y donde su orden había visto la luz.
La víspera de su muerte, el santo, a imitación de su maestro, pidió que
le llevaran pan y lo partieran. Luego lo distribuyó entre los presentes,
bendiciendo a Bernardo de Quintaville, su primer compañero, a
Elías, su vicario, y a todos los demás de la orden.
"He hecho mi parte"-
dijo; - "espero que Cristo les
enseñe a hacer la suya".
Después, para dejar una última señal de desprendimiento y mostrar que ya
no tenía nada en común con el mundo, Francisco se quitó su pobre hábito
y se postró sobre el piso, cubierto con una ropa prestada, feliz de
haber sido fiel a su "Dama Pobreza" hasta
el final.
Pidió que le leyeran la pasión según San Juan, concluido lo cual él
procedió a cantar el salmo CXLI con voz desfalleciente. Al llegar al
versículo final, "Libera mi alma de
la prisión", Francisco fue llevado de este mundo por la
"Hermana Muerte", en alabanza de la cual él había añadido poco antes una
nueva estrofa a su "Cántico del Sol".
Era la tarde del sábado 3 de octubre de 1226.
Francisco contaba cuarenta y cinco años de edad.
Francesco Bernardone,
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