LA LEY DE
CAUSA Y EFECTO
Este Principio
encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa y toda causa su
efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y que todo sucede
conforme a la Ley. La suerte es una palabra vana, ya que nada escapa
a la Ley. Las muchedumbres se dejan arrastrar, llevadas por el medio
ambiente que las envuelve o por los deseos y voluntades de los
demás, si éstos son superiores a las de ellas. La herencia, las
sugestiones y otras múltiples causas externas empujan al ser humano
común a ser actores autómatas en el gran escenario de la vida. Pero
los Maestros, habiendo alcanzado el plano superior, dominan sus
modalidades, sus características, sus cualidades y poderes, así como
el medio ambiente que los rodea, convirtiéndose de esta manera en
dirigentes, en vez de dirigidos. Ayudan a las masas y a los
individuos a divertirse en el juego de la vida, en vez de ser ellos
manipulados por él. Los maestros obedecen a la causación de los
planos superiores al que se encuentran y prestan simultáneamente su
colaboración para regular y regir en su propio plano. He aquí el
secreto que intentaremos dilucidar.
Reflexionemos sobre la siguiente afirmación
que se deriva de la Ley de Causa y Efecto: Toda causa origina un
efecto. Este efecto, consecuencia o reacción, se transforma, a su
vez, en causa que produce otro efecto y bajo esta Ley se desarrolla
y funciona el universo.
Ante esto, obviamente, debemos señalar que la
primera causa es Dios y luego, su efecto es la Creación, así
sucesivamente, hasta llegar a nosotros mismos con nuestras propias
causas y efectos.
Haciendo de esta Ley, el ser humano estudia la
materia y las leyes que la dominan.
Dios, en Metafísica, es EL TODO y nosotros,
somos EL TODO DENTRO DEL TODO, a nuestra vez. Dios es el Todo
porque, antes de la creación de su universo, este universo ya
existía en la potencialidad , dentro de él. Nosotros, y con nosotros
todas las demás cosas que existen estábamos en potencia dentro de la
mente divina. Formábamos un todo con él y en él.
Decimos que nuestro universo es causal porque,
siendo un efecto, bajo el imperio de esta Ley se vuelve causa de
posteriores efectos y es así como concatenadamente se desarrolla la
vida, los sucesos y el escenario donde nos movemos. Es bajo esta Ley
de Causa y Efecto como se forja nuestra individualidad física,
emocional, mental y anímica.
Señalamos anteriormente, que los Maestros
obedecen a las causas de los planos superiores a aquel en cual se
encuentran, y que lo hacen con inteligencia y sabiduría, prestando
su colaboración para regirse en su propio plano. Esto es lo que
debemos hacer nosotros, que también estamos bajo el dominio de la
Ley Cósmica, prestando nuestra colaboración para que el Plan Divino
se cumpla.
Por eso, cuando algo negativo está
ocurriendo en nuestras vidas, debemos estudiar la causa que está
produciendo dicho efecto, encontrada la raíz
del mal, se extirpa y el mal desaparece. Este ejemplo sirve tanto
para lo físico, emocional, mental, como para lo social y lo
material. Si tus negocios no van bien, si tu provisión no es
suficiente, si nadie te quiere, si te sientes infeliz, si tu hogar
es un desastre, estudia la causa, arréglala y el efecto
desaparecerá. Ten presente todos
los días de tu vida la siguiente afirmación: Siembra causas positivas y cosecharás efectos
positivos.
Las leyes son inmutables, se cumplen
inexorablemente, funcionan en todo y dentro del todo. Un examen
cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad, es sólo una
expresión concerniente a causas desconocidas, no descubiertas o no
buscadas. Nada, ni los juegos de azar, ni la suerte, ni la fortuna,
escapan a la Ley. De la posición de los dados, de la fuerza con que
se tiran, de la superficie, etc., depende el resultado que arrojen.
Lo mismo ocurre con las balotas en una tómbola de la lotería o
cualquier otro juego. Si volvieran a repetirse las exactas mismas
condiciones, el resultado no variará jamás.
Todo pensamiento generado en nuestra mente,
todo acto realizado, tiene sus resultados directos o indirectos que
se eslabonan coordinadamente en la cadena de causas y efectos.
Derivamos entonces a las siguientes reflexiones o interrogantes:
¿Tenemos libre albedrío u obedecemos a un destino predeterminado?
La verdad, es que ocurren ambas cosas
simultáneamente, aunque es en este momento cuando tenemos que tener
presente la Ley de Polaridad para darnos cuenta que las dos
interrogantes anteriores son semiverdades. Con gran certeza podemos
afirmar que el ser humano es, a la vez, libre y prisionero de sus
necesidades, dependiendo todo de la altura de la verdad desde la
cual se examine el asunto. Los seres humanos en su mayoría son más o
menos esclavos de la herencia, del medio ambiente y manifiestan muy
poca libertad, ya que continuamente se ven arrastrados por
opiniones, costumbres y pensamientos del mundo externo, así como
también por sus sentimientos, emociones, pasiones, etc., no
manifiestan, por lo tanto, el menor dominio ni gobierno de sí
mismos. No obstante, el conocimiento y uso de las leyes herméticas
aporta las herramientas necesarias para elevarse por sobre las
circunstancias y ser verdaderamente libres.
En los momentos actuales, se han verificado
enormes progresos, avances científicos y tecnológicos; sin embargo,
éstos no han reportado felicidad alguna al corazón humano, más aún,
es posible aventurarse al afirmar que tanto avance en el dominio de
las leyes físicas que rigen la vida en estos planos de
manifestación, ha traído
mayor sufrimiento a la humanidad.
Entonces, cabe preguntarnos: ¿es negativo para
la humanidad tanto progreso? Indudablemente, negarnos al progreso
sería un error. En cambio, es correcto afirmar que ocupamos solo
esos avances sin un desarrollo ético y espiritual en la comprensión
de la vida.
Por lo tanto, debemos internalizar las leyes,
los principios que rigen tanto al macro como al micro cosmos y, en
este caso particular, comprender la Ley de Causa y Efecto, para
luego aprender cómo es posible, en nombre de Cristo, levantarse en
las adversidades. Cristo significa enviado de Dios, portador de la
Verdad, Mesías. Reconocer que cada persona es un Cristo, que tiene
en su corazón un Cristo Interno, produce una inmediata mejoría en
ese ser. Por eso, cuando veamos apariencias de dificultades en
alguien, reconozcamos y saludemos al Cristo Interno de ese ser y
pidámosle que tome el mando y el control de su vida, para que
manifieste la perfección de la obra creadora de Dios.
El ser humano ha sido hecho a imagen y
semejanza de Dios y, por lo tanto, puede traspasar los dominios de
las leyes del plano físico e, incluso, las del plano mental, para
acceder a los planos espirituales. Vale decir (y aquí llegamos al
verdadero libre albedrío), puede optar entre confinarse a las
regiones limitadas de los planos físico, astral, emocional y mental
o bien elevarse, por medio de la oración, la meditación y el
servicio al reino del espíritu, al Cristo y liberarse.
Evitemos, entonces, karmas negativos generando
causas y efectos positivos en nuestra vida y nuestro entorno,
realicemos auténticamente a nuestro Cristo Interno y produzcamos un
cambio radical en nosotros mismos.
Cuando los seres humanos se dan cuenta de
que son
ellos
mismos los que causan los males que los aquejan, las limitaciones de
sus mundos, tras conocer esta verdad arden en ganas de arreglar las
cosas y este anhelo sincero recibe siempre toda clase de ayuda de
las esferas superiores.
Dios ama a sus hijos y quiere que siempre
todas las cosas buenas lleguen a
ellos.
Es el propio ser humano el que siembra las causas de sus efectos. He
aquí cómo construir nuestro propio futuro, sembrando en el hoy
buenas causas, cosecharemos mejores efectos.
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