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PRINCIPIO DE MENTALISMO
Este Principio encierra la verdad de que
todo es mente.
Explica que el todo, que es la realidad substancial que se oculta
detrás de todas las manifestaciones y apariencias que conocemos con
el nombre de "universo material", "fenómenos de la vida", "materia",
"energía", etc., en pocas palabras: todo cuanto es sensible a
nuestros sentidos materiales, es espíritu, quien en sí mismo es
incognoscible e indefinible, pero que puede ser considerado como una
mente infinita, universal y viviente. Explica también que todo el
mundo fenomenal o universo es una creación mental del TODO, en cuya
mente vivimos y nos movemos, tenemos nuestro ser. Este Principio, al
establecer la naturaleza mental del universo, explica fácilmente los
varios fenómenos mentales y psíquicos que tanto han preocupado a la
humanidad y que sin tal explicación no son comprensibles y, además,
desafían toda hipótesis científica.
La comprensión de este principio hermético
habilita al individuo a conocer y realizar la ley que rige el
universo mental y, de este modo, aplicarlo para su bienestar y
desarrollo. El estudiante de metafísica puede emplear
conscientemente las grandes leyes mentales, en vez de usarlas por
casualidad o ser usado por ellas. Con la clave maestra en su poder,
el discípulo puede abrir las puertas del templo del conocimiento
mental y psíquico y entrar en él libre e inteligentemente.
Este Principio explica la verdadera naturaleza
de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el por qué
todas están subordinadas al dominio de la mente. Uno de los antiguos
Maestros escribió hace ya mucho tiempo: "El que comprenda la Verdad
de que el universo es mental, está muy avanzado en el sendero del
adepto". Y estas palabras son tan ciertas hoy, como cuando fueron
escritas. Sin esta llave maestra el adeptado es imposible y, por
ello, el estudiante que no la posea, llamará en vano a la puerta del
Templo.
Por ejemplo, cuando pensamos, de nosotros
emana una corriente magnética semejante hasta cierto punto a un rayo
de luz hasta el alma de las demás personas ejerciendo sobre
ellas
influencia, aún así los individuos estén separados por largas
distancias.
Un pensamiento fuertemente proyectado vencerá
por su gran potencia la resistencia que instintivamente oponen
muchas almas a las impresiones que les vienen de afuera.
Pensamientos intensos y repetidamente proyectados en la misma
dirección, acabarían por penetrar donde una sola onda fuera
repelida. Los pensamientos ajenos ejercen sobre nosotros una
influencia mucho mayor de lo que podemos suponer.
Debemos saber que los pensamientos son cosas,
vale decir, tiene cuerpo, tienen masa, al salir de nuestro cuerpo
mental adquieren vida, personalidad, son una entidad que entra a
funcionar según la dirección que le hemos dado, con el color y la
tonalidad que le hemos adjudicado en el momento de emitirlo. Así
como un microscopio nos pone en contacto con todo un mundo invisible
para nuestra vista normal, un mundo insospechado para el hombre sin
estudios; así mismo podría inventarse en el futuro un aparato que
vea y hasta fotografíe la forma y color de nuestros pensamientos.
Nosotros, metafísicamente, dividimos los
pensamientos en dos clases: positivos y negativos:
Los pensamientos positivos siembran en nuestro
subconsciente un semillero maravilloso y esas vibraciones luminosas
que salen de nuestro cuerpo mental van a tocar las mentes del
prójimo, estimulándolas en el sentido positivo. Es muy importante
saber que con la mente gobernamos las células de nuestro cuerpo. El
cuerpo físico manifiesta salud, belleza y energía, que es lo que
ocurre en nuestro cuerpo mental, como si fuera un espejo.
Los pensamientos
negativos, por el contrario, son opacos, de bajas y sombrías
tonalidades, afectan adversamente a todos los que los reciben y a
quienes los emiten. Contribuyen a rodear al individuo de una
atmósfera siniestra, pesada, que entorpece y restringe su evolución
ascensional en todo orden, lo vuelve una persona desagradable,
antipática, indeseable, da a su fisonomía una expresión amarga que
lo afea, aleja de sí los afectos, lo hacen un neurasténico crónico,
porque crea lo que llamamos un egregor negativo, un ente con vida,
que le pertenece y se hace su inseparable compañero; que trata de
tentarlo sembrándole cada vez más pensamientos depresivos que lo van
enervando. Esto es, evidentemente, lo que ocurre con este tipo de
pensamientos.
Tal como piensas, así eres. El que llena su
vida de pensamientos enérgicos, muestra energía en ella. El que
nutre su vida de pensamientos generosos, será generoso. El que
piensa con valor, manifestará valor. Tanto el valor como el miedo
son actitudes mentales. Por eso es que se dice que somos los
arquitectos de nuestra propia estructura. La mente crea, tiene el
poder creador, allí se manifiesta la Presencia Divina en nosotros,
como Inteligencia Creadora. De aquí este axioma metafísico que
afirma todo es mente, lo que piensas se manifiesta.
Vivimos en un universo mental creado por el
Omnisciente. Todo lo que el hombre va descubriendo y trayendo a la
manifestación, ya existe en potencia en la mente divina. Ningún
individuo "inventó" nunca nada, hay sólo un gran inventor, sólo un
gran Creador, Dios Omnisciente. Él pensó el universo y al descargar
esa energía, la energía, que es materia, tomó forma. El ser humano,
como hijo de Dios, hecho a su imagen y semejanza, también es creador
en su mente, pero el hombre recibe las ideas por infusión divina,
esto es: Dios le envía un rayo de luz cuya fuerza estimula en el
hombre la función de pensar. Respetando, no obstante, el libre
albedrío.
El ser humano tiene una mente inquisitorial,
siempre anda buscando, tratando de descubrir algo, usa el
razonamiento y, por medio de éste, bien dirigido, ha obtenido cosas
grandes e importantes. Somos colaboradores con nuestro Dios
Padre-Madre, sintonizando nuestras mentes en amor y bien, ya que
amor e inteligencia son los componentes de la sabiduría. La
sabiduría no se equivoca nunca, jamás trabaja para el mal. La mente
sola es fría, analítica, usada sin amor es un arma de doble filo,
puede orientarse hacia el bien o hacia el mal. Orientada buscando el
bien, nos ha dado confort, adelantos científicos como la medicina
moderna que intenta aliviar los dolores de la humanidad, grandes
progresos tecnológicos de todo tipo, como esta misma página
computacional que nos mantiene unidos a tanta distancia, etc. Su
orientación al mal, en cambio, nos ha llevado a guerras, bombas
atómicas, ojivas nucleares diseminadas por el planeta, uso de armas
químicas, etc. Estando en posesión de este conocimiento, tenemos la
libertad que Dios nos ha otorgado, de orientar nuestros pensamientos
en forma positiva o negativa. Lo que sembremos, eso cosecharemos. No
es difícil la elección. La mente contribuye al éxito del individuo o
a su fracaso. La fe es también una actitud mental. La mente lo
maneja todo.
Alergias nerviosas, alta tensión, afecciones
cardiacas o hepáticas, insomnio, cáncer, infinidad de malestares,
son producidos por pensamientos negativos, temor, ambición, envidia,
resentimiento, complejos, tristeza, fracaso. Esa es la cosecha de
una mente no positiva.
Por el contrario,
una mente positiva estimula al individuo abriéndole las puertas del
éxito. Quien tiene confianza en sí mismo, llega donde se propone, si
busca el camino inteligentemente actuando con fe, entusiasmo y
bondad.
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