IMPORTANTE!!

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A todos los que nos visitan, comentarles que hay una web de nombre similar al nuestro - empieza igual, que no nos pertenece y oculta bajo mi nombre una actividad ajena a nosotros.

Cuidado.

Invocación al Ángel Guardián

Los momentos propicios para realizar la invocación son el amanecer y el atardecer.
Comenzamos buscando una habitación en la cual podamos estar tranquilos durante la visualización, sin que nadie nos pueda interrumpir.
La luz debe ser tenue, utilizando velas o lamparitas de colores. Encenderemos un sahumerio de aroma suave, de flores como jazmín o rosa, ambar, miel o incienso.
Adoptamos una posición, sobre un sillón o en el piso, la que usted quiera y se sienta más a gusto.
Podemos acompañar este ejercicio con una música suave.

Relajación

Es importante poder aislarse del mundo que nos rodea, sin tener preocupación alguna que pueda interferir en nuestra mente; lograr una tranquilidad mental y relajamiento de todos los músculos del cuerpo donde se sienta como en las nubes.

Debemos realizar una relajación física y mental, relajar nuestro cuerpo, y para lograrlo, cerramos lentamente los ojos verificamos así la energía de luz que somos, empezamos a ver como está nuestro cuerpo por dentro.
Regulamos la respiración. Relajamos nuestros músculos, comenzando por los pies, siguiendo por los tobillos, las rodillas, las piernas, los muslos, la cadera.
Con cada inspiración iremos visualizando una luz blanca y brillante que penetra en nuestro cuerpo recorriendo todos los órganos internos.
Continuamos relajando nuestra cintura, la espalda, el pecho y los hombros, luego los brazos y las manos, el cuello, la cabeza, la cara, hasta el cuero cabelludo. De esta manera nos conectamos con el cuerpo físico.

Una vez logrado este estado, sin perder el dominio de los pensamientos (impidiendo que cualquier pensamiento nos invada), pasamos a la invocación.

Invocación

Es importante repetir mentalmente nuestro nombre hasta sentirlo vibrar en nuestro interior como una resonancia muy fuerte que nos provoca una sensación de plenitud. Ese es el momento en que llamamos al Ángel de la Guarda.
Lo invocamos mediante una oración que podemos repetir varias veces o simplemente le hablamos dejándonos guiar por nuestra propia voz interior.
En ese momento podemos pedir por nosotros y por nuestros seres queridos todas las cosas buenas que deseemos, con la seguridad de que vamos a ser oídos y el mensaje será transmitido a la entidad que corresponda, o a Dios mismo, para que él con su amor y sabiduría disponga.
Damos gracias por el contacto a nuestro Ángel y comenzamos a ser conscientes de nuestro cuerpo, poco a poco, de manera inversa a la relajación inicial. Respirando profundamente movemos lentamente nuestros párpados hasta abrir los ojos, estiramos nuestros brazos, las piernas, tomamos contacto nuevamente con nuestro cuerpo físico.
Nos quedamos en silencio unos minutos.
Nos despedimos y agradecemos otra vez a todos los ángeles guardianes o a nuestro ángel antes de apagar las velas.

Aunque usted no lo vea o sienta su presencia, sobre todo, en las primeras invocaciones, su ángel siempre está junto a usted. Háblele, ámelo, pues él lo escuchará y guiará siempre.


Fuente

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